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Toda la niñez de mis hijos la pasé navegando y como sentía la necesidad de comunicarme con ellos, resolví convertir mis vivencias en cuentos, descubrí que escribirlos no es difícil, lo único que se necesita es un poquito de imaginación, una vez escritos los enviaba y Cristina era la relatora oficial de los mismos. Ahora se me ocurrió que mediante este sencillo método, yo podía enviarles un saludo de Navidad a sus hijos, y si los adultos son capaces de recordar que un día ellos también fueron pequeñitos, este saludo es para todos Uds, por favor tengan presente que todo lo que leerán a continuación sucedió y sigue sucediendo, es real, es parte de mis vivencias, espero les agrade, después volveré a escribir de buques y temas marineros :


Goticas del amor de Dios


Para ser exactos debemos decir que todo principió el 22 de Noviembre de 1.999, dentro de los miles de perros callejeros que existen en Bogotá, una pobre perrita buscaba su alimento diario en las alcantarillas de las calles próximas a la Universidad de Los Andes, el miserable animalito posiblemente estaba condenado a morir en poco tiempo, su vida como la de muchos de su especie, era una cadena interminable de sufrimientos, seguramente antes de deambular entre los desperdicios y la comida en descomposición del muladar en que vivía, no había podido dormir la noche anterior debido al frío implacable que se apodera de las estribaciones del cerro de Monserrate a las horas de la madrugada.

Sammy, así llamaré al esperpento de animal, "no era una perra sarnosa, era una sarna perroza", nadie podía saber si era blanca, negra o amarilla, pues no tenia un centímetro cubierto de pelo, su carita era constantemente transitada por las pulgas, que se aferraban a chupar la poca sangre que aun tenía la raquítica perrilla, adornaba su vulva un tumor que parecía la nariz de un payaso, cojeaba de la pata delantera izquierda y por su oreja derecha escurría un hilo de sangre, consecuencia de la mordedura de otro animal, pobre Sammy, sus coyunturas y las almohadillas de las patas estaban protegidas por fuertes callos, adquiridos en el duro asfalto de las calles bogotanas.

Para sumar su desgracia, hacía varios días venía siendo perseguida por dos estudiantes de La Universidad, ellos le ofrecían pan, la perrita acosada por el hambre lo aceptaba, pero corría y no se dejaba coger, por lo visto había recibido el peor trato de parte de los humanos. Los muchachos que estaban empeñados en capturarla no solo traían comida, además venían con zapatos tenis para perseguirla, compraron guantes de lona, para evitar la infección y los mordiscos de la víctima, en el carro habían colocado una caja de cartón para transportarla, como quién dice, todo estaba fríamente calculado.

La fecha es muy importante porque ese día cambió la suerte de Sammy, dos días después, yo regresé de mi trabajo en Puerto Bolívar, Crispulina Cristanchona, que así es el apodo de mi señora esposa, me estaba esperando en El Dorado y a las 10 de la noche emprendimos el viaje hacía Chía, durante el trayecto hablamos de todos los temas de actualidad, de lo que había hecho ella en esos días, de mis actividades en el Puerto y de los hijos. Como Crispulina es una gran mujer, ella sabe que las noticias deben ser dadas en el momento oportuno, gracias a esa y muchas otras cualidades, nuestro matrimonio es fuerte, dura más que un Bon Bril y nos queremos mucho. Como yo la conozco, he aprendido a respetar la esquina que hay antes de llegar a nuestra casa, pues frecuentemente es el lugar escogido por ella para disparar, esa noche lo hizo y con muy buena puntería : Eduardo, ahora no tenemos un perro en la casa, tenemos dos. Cómo así que dos, respondí. Si, la alcanzaron, contestó. A quién alcanzaron? Pregunté. Viejo, no se haga el pendejo, Ud los escuchó mil veces en el comedor contándome de la pobre perrita de La Universidad.

Efectivamente, mis dos hijos le habían comentado a ella del animalito y sus planes, nunca directamente a mí, en casa, hasta mis hijos sacan partido de la psicología; y pensar que Crispulina asegura que yo soy el alcahuete. Siempre que los escuche hablar de su cacería, me hice el sordo, porque no hay mejor sordo que el que no quiere oír, en mi interior le apostaba a la agilidad de la perrita, pues mis hijos no son los mejores deportistas del Mundo, enseguida cambiaba mis pensamientos a cosas más importantes. Ahora, estaba crucificado en la esquina de mi casa, esto no me podía estar pasando a mí pensé y me alisté para protestar, pero Crispulina, que sabe mucho de psicología, ya estaba ejerciendo control de averías sobre la posible fisura que se podía presentar. Como el animalito no está en muy buenas condiciones, apenas lo trajeron, los devolví para que lo llevaran a la Clínica Dover, por lo tanto ya está vacunado contra todo y Henry (el veterinario) aprovechó y nos mandó la lista de lo que debemos hacerle y el presupuesto, nos da facilidades de pago, a propósito como la perrita no tenía nombre, Enrique le puso Sammy y así quedó registrada en la Clínica, a tu cargo por supuesto, concluyó ella, muy segura de si misma. Al entrar a la casa, rápidamente pasé al jardín y por primera vez en mi vida vi a Sammy, pobrecita, parecía un judío de campo de concentración, pesaba 11 kilos y temblaba de pies a cabeza, con el rabo entre las patas nos miraba aterrada, pues no podía esperar nada bueno de los humanos, debido a la debilidad se quedaba dormida parada y cabeceaba, en un rincón Crispulina le había improvisado una cajita de cartón con trapos como cobija.

Para evitar que pudiera infectar a Golfo, nuestro Golden Retriver y única mascota hasta ese momento, se había cerrado la puertica de perros que une la cocina con el jardín de la casa, la única comunicación que había entre los canes, era la visual, pues el Pantry de la cocina está dividido del jardín por un ventanal.

Al día siguiente Crispulina me invitó a salir al jardín a lavar a Sammy con Amitraz, para ello utilizamos guantes de caucho y una esponja, el remedio es tan fuerte, que en el área del jardín en donde caía, inmediatamente salían las lombrices de la tierra.Apenas pude hice reunión familiar y acordamos que debíamos recuperar a el animalito y después buscarle un hogar.

La recuperación de Sammy fue lenta; operación del tumor, biopsia y una radiación preventiva, esterilización, hacerle cultivo y vacuna para la herida de la pata, desparasitarla, vitaminas, buen concentrado, cama blanda, calor de hogar....La parte más difícil de recuperar fue su auto estima, ella era estrato uno y subirla a otro más alto, era una labor de mucho tiempo y paciencia. Inicialmente decidió que no debería permanecer en casa y nos demostró que podía ser una gran instructora de túneles para los residentes de la Modelo de Bogotá, todas sus excavaciones eran orientadas hacia el exterior de la casa, nosotros continuamos cuidándola, pero ella no pasaba de la puerta del jardín hacia la cocina, con Golfo mantenía relaciones visuales y uno que otro ladrido a través del ventanal.

Un día Sammy cambió su táctica, se concentró en la conquista de Crispulina Cristanchona, en este caso podemos decir que el perro sabe en que palo trepa, la acechó y cuando entró a la cocina, el animalito hizo su aparición en la puerta del jardín, le ladró, lloró y le manoteó, mi mujer quedó derrotada. Al terminar su tratamiento contra la sarna, juzgamos que era momento de reunirla con la fiera, el gran pendejo de Golfo no aguantó ni un round, la perrita se le vino corriendo, le manoteó y le lambió la cara y el defensor de mi hogar se vendió infamemente, en lugar de proteger su territorio se convirtió en el defensor de la intrusa, a partir de ese momento lo que es con ella es con él.

No crean que Sammy se apropió de la casa en cinco minutos, había sufrido mucho y ganar confianza en cada espacio fue algo lento y doloroso, por lo menos duro seis meses en decidirse a asomar la nariz en el hall del segundo piso.Es mucho lo que hemos aprendido de Sammy, nos ha enseñado que los Gosques Retriver deberían ser Comandantes de curso, a Sammy nunca nadie le explicó en donde tenía que hacer sus necesidades, simplemente se copio de Golfo, es escapista por naturaleza, lo único que la amarra es la cadena, pues sabe usar las muelas muy bien, más aún si la amarran se suelta y después suelta a los otros perros, sube y baja rejas y mallas, cuando se le saca a la calle puede ir sin correa, cruza avenidas y se cuida del tránsito, conoce el camino de regreso a casa a la perfección, seguramente hizo el curso de Lancero en Tolemaida, pues todo lo que corre o vuela va para la cazuela, caza moscas, cucarrones, saltamontes, lagartijas, pájaros y otras especies similares.

Pero lo que más claro nos ha quedado de este animalito es su nobleza, su dulzura, su infinita capacidad de dar cariño y gratitud, por lo menos cinco minutos antes de que cualquiera de nosotros llegue a casa Sammy lo presiente, se pone nerviosa y se para junto a la puerta, lista a saltar, manotear, correr, saludar y expresar su inmensa alegría. Nunca podremos saber cual fue su vida anterior, lo mismo que ella intuye nuestro regreso, nosotros lo hacemos con su pasado, de lo que sí estamos seguros es que a pesar de llevar tres años en la casa, no estamos preparados para que ella busque un nuevo hogar, nunca lo estaremos.

Todavía no hemos decidido en donde pasaremos La Navidad este año, en Chía o en la casita de Cajica, la familia se reunirá a la cena, nuevamente yo les diré a todos mis parientes que pueden comerse tranquilos el pavo, que Golfo ya lo probó para averiguar que no está envenenado, rezaremos la novena, nos juntaremos al rededor del árbol y les entregarán los regalos a los niños, yo me sentaré en la alfombra junto a la chimenea, con mi whisky entre las manos y cuando se escuche el ruido de la pólvora que viene de la calle, Sammy entrará corriendo aterrada y se refugiará temblorosa entre mis piernas, la acariciaré y tranquilizaré, ella agradecida me lamerá la mano, recordaré lo que siempre dice Crispulina, "cada perrito es una gotica del amor de Dios", miraré a mi familia, pensaré en los miles de dones que he recibido sin merecerlos, el amor de mi mujer, mis hijos, mi empleo, inclusive me acordaré de los días ya lejanos en que fui cadete y tuve la oportunidad de hacer amigos para toda la vida, de llenar mi talego marinero de anécdotas y bellos recuerdos juveniles, le daré Gracias a Dios por haber traído a Sammy a nuestras vidas, le pediré por todos los míos, y también pediré porque a cada uno de Uds le de todo lo que se merece, que sepan valorar el amor de su esposa, y de sus hijos, inclusive de los perritos callejeros, pues todo esas cosas son goticas de amor que Dios nos regala todos los días, pediré por mi pobre Patria adolorida que tanto sufre y necesita de todos nosotros.

En ese momento me llamarán para entregarme el regalo que me tienen en el árbol y se burlaran de mí, porque según ellos yo ya estoy borrachito, la verdad es que estaba distraído recibiendo muchas goticas Celestiales.Feliz Navidad y Prospero año para todos Uds y sus familias de Chiri, Crispulina Cristanchona, nuestros hijos y los perritos, que cada uno de Uds y sus seres queridos también reciban muchas goticas Celestiales.
 


   
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